Page 12 - Autobiografia de Sor Leonor
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mi  madre  y  hermano  mayor  y  les  rogaba       veces cocida en agua y sal, y maíz cocido.
            que le diesen mucha limosna a la Virgen.           Me sentaban a la mesa, escogían todo para
            Por  nada  me  contentaba,  para  lo  que  yo      darme, y todo me causaba repugnancia. Yo
            deseaba darle, y para sosegarme me daban           pedía caldo con verdolaga y cuando no lo
            cuenta de todo lo que se le daba.                  había así, no comía nada y me iba calladita
                 La  despensa  y  la  casa  de  mi  madre      a la casa de mi mamá Dominga y le pedía
            eran ricas, y estaban siempre abiertas para        que  me  diera  caldo  con  dicha  verdura.  Y
            todos los pobres; ella era toda caridad, nada      como  me  quería  tanto  y  sabía  que  yo  no
            se  reservaba  y  yo  era  la  repartidora  de     comía  otra  cosa,  en  el  acto  me  la
            todas  las  limosnas  que  se  daban.  Yo  era     proporcionaba.
            muy  andadora  en  la  casa  de  los  pobres  y          En la casa todo el servicio era de plata,
            cuando  no  veía  nada,  ni  fuego  en  sus        pero  yo  tenía  tan  grande  inclinación  a  la
            cocinas, porque no tenían qué cocinar, me          pobreza,  que  mi  gusto  era  comer  con
            volvía  calladita  a  casa  y  le  contaba  a  mi   cuchara de palo y aspa, en plato de barro o
            madre que no tenían qué cocinar en tal y tal       de  palo;  y los pobres, como yo les era  tan
            casa.  Y  ella  me  despachaba  bien  aviada,      conocida por las limosnas que les daba, me
            para  que  les  llevase.  Una  vez  entré  a  una   regalaban platos y cucharas de palo y barro,
            casita, y encontré una difunta, y advertí que      y jarro  de  lo mismo. Y nunca  usaba lo de
            no  tenía  velas  ardiendo  como  era              plata, porque no le tenía inclinación.
            costumbre, y le pregunté a la madre  de  la
            difunta por qué no le ponía velas y me dijo
            que no tenía. Yo fui corriendo y pedí a mi
            madre  y  le  llevé  velas.  Dios  premió  esta
            caridad  de  mi  madre  dándole  una
            preciosísima  muerte  y  a  esta  su  hija,
            haciendo  lo  que  ha  hecho  Dios  conmigo,
            como diré en su lugar. No me causa menos
            admiración  y  confusión  el  recordar  lo
            siguiente. [9]
                                                                Bosquecillos de Sañogasta, pueblo natal de Isora.


            | 4. Inclinación a la austeridad y la                    En la ropa era lo mismo. Pedía que me
            pobreza                                            dieran ropa de lienzo y no me querían dar,
                                                               pero cuando yo era capaz de coser buscaba
                 El Señor quiso darme desde pequeña,           trapos  viejos  y  unía  de  a  pedacitos  y
            nada  menos  que  de  cuatro  años,  mucha         formaba  una  camisa  y  me  la  ponía  a
            resistencia  a  la  carne  y  otros  manjares      escondidas;  y  dejaba  las  nuevas  y  buenas
            exquisitos. Es verdad que yo no me privaba         que me hacía mi madre. Y para que no me
            de  estas  cosas  con  espíritu  de  penitencia,   descubriesen,  yo  misma  la  lavaba  cuando
            sino porque no me gustaba; prefería cosas          era  preciso;  y  sentía  tanto  placer  en  estas
            muy  ordinarias;  lo  único  que  me  gustaba      cosas  pobres,  que  buscaba  incomodidades
            era un caldo con mucha verdolaga, las más          de todas maneras.


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