Esta imagen evoca un gesto silencioso y profundamente humano: la presencia de la Venerable Sor Leonor en una mesa de luz, siendo compañía cotidiana, una cercanía que no invade, acompaña.
Su imagen, junto al calendario del año y los objetos propios de la vida diaria, habla de una fe que se encarna en lo concreto. No se trata de un recuerdo distante, sino de una presencia que se deja habitar en lo cotidiano.
Hace algunos años, el padre Marco Foschiatti O.P., en una charla ofrecida en el Monasterio Santa Catalina de Siena —donde vivió Sor Leonor—, propuso una mirada que atraviesa el alma de lo simple y señalaba:
“Contemplar la humanidad de Jesús en Sor Leonor de Santa María es reconocer un sacramento del amor misericordioso del Padre. Por el rostro humano de Jesús, por su mirada, por su palabra y su corazón humano llegamos a conocer a Dios”.
El mismo fraile dominico destacaba que el amor profundo de Sor Leonor continúa iluminando el presente. En sus escritos —explicaba— se percibe una vida ofrecida, donde el alma se reconoce más receptiva de la acción de Dios que protagonista; por ello, varias páginas de sus Memorias podrían ponerse en diálogo con la experiencia espiritual narrada por Santa Teresa de Ávila.
La mesa de luz que observamos pertenece a un pastor que elige dejarse acompañar y bendecir por esta presencia sencilla: la imagen de Sor Leonor, el calendario 2026, unas gotas y su cruz pectoral.
Ese mismo pastor ha expresado en distintos momentos:
- “La gente intuye cuando una persona es un hombre de Dios”.
- “La santidad es una vocación que llena de alegría y valentía, lejos de la mediocridad”.
- “Todos estamos llamados a ser santos”.
Así, la presencia de Sor Leonor aparece como compañía concreta en la vida diaria, incluso junto a quienes tienen la misión de cuidar y guiar al Pueblo de Dios. Su cercanía se vuelve signo de una santidad que no se impone, sino que acompaña en silencio.