Una amistad que se gestó antes del encuentro

Por Rosana Triunfetti · Comunicadora de Causas de Santidad

Hay encuentros que no se explican solo por el azar. Lorena Heredia (44 años), lo sabe bien. Tiene la certeza de que cuando las santas y los santos se dan a conocer en nuestra vida, es porque el encuentro se gestó antes en ellos. El 24 de abril de 2021, Lorena llegó a Córdoba capital acompañando a su madre a un estudio médico. El encuentro con sor Leonor fue un sitio especial, habitado por su presencia.

Lorena, ¿cuándo y cómo fue tu primer encuentro con Sor Leonor?

“La conocí en la Iglesia de las Catalinas en Córdoba. En mi mail me figura el 24 de abril de 2021, cuando me comuniqué con el Monasterio. Iba a acompañar a mi mamá a un estudio médico.

Me leí su historia de vida casi al toque. Me bajé su Diario espiritual también. Un alma con muchos dones, y una historia de vida muy profunda.

El hallazgo mayor fue encontrar, en esa publicación, que un catamarqueño —como yo— figuraba en el diario de sus memorias. Sor Leonor había anticipado en sueños la muerte de Fray Mamerto Esquiú, en ese momento obispo de Córdoba. Podés leer ese pasaje extraordinario acá: La muerte del obispo Esquiú en un sueño de Sor Leonor.“.

Decís “un alma con muchos dones”. ¿Cuáles te cautivaron?

“Me conmovió la historia de su alma. Su vocación tan clara, aún en las circunstancias difíciles de su niñez. La fe, la confianza en el consuelo de la Virgen María y del mismo Dios.

Las dificultades materiales, su orfandad, nada la detiene. Se arroja de lleno al consuelo de Dios y de María Santísima. Sin lugar a dudas, la comunicación de gracias espirituales también la fortalece. Un alma grande con la virtud heroica de la sencillez, de la pequeñez.

Creo que cuando los santos se nos “aparecen”, cuando se nos dan a conocer a través de alguien o algo, es porque quieren ser amigos nuestros.

Sor Leonor me encontró de vuelta. Porque si bien la conocí ese día, desde entonces —aquí en Catamarca— a todo el que pude le conté de esa coincidencia: Fray Mamerto Esquiú, cuando era Obispo, caminó de algún modo junto a ella. Me fue grato saber que fueron “santos” contemporáneos, que el clima de la época les permitió compartir, de alguna manera, el camino silencioso y entregado de la santidad”.

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