Comunicación causa de canonización sor Leonor.
Se cumplen 150 años de uno de los episodios de fe popular más grandes de la historia religiosa sanjuanina: las apariciones de Santo Domingo de Guzmán en Cerro Negro, cerca de Rodeo, el 6 de agosto de 1876. Así lo reconstruye el historiador Lic. Claudio Vera, de la Junta de Historia Eclesiástica Argentina, en una nota reciente de Diario de Cuyo. Más de doce mil personas peregrinaron al lugar desde Perú, Bolivia, Chile y distintas provincias argentinas, movidas por el testimonio de un niño, Ismael Montaño, que aseguraba haber visto y hablado con el santo.
El encargado de investigar la aparición, en nombre del obispado y de la Orden de Predicadores, fue el fraile sanjuanino Paulino Albarracín. Tomó el testimonio oficial en 1877, reconoció el lugar y cerró su informe con una convicción que no dejaba lugar a dudas sobre la autenticidad de lo vivido. Ese mismo Albarracín había sido, años antes, el confesor elegido por una joven riojana hoy camino a la santidad, por un camino completamente distinto: Sor Leonor de Santa María Ocampo.
En su autobiografía, Sor Leonor cuenta que durante el viaje a San Juan en 1860 le pidió al Señor un deseo muy concreto: que el primer sacerdote que viera al entrar a la ciudad fuera dominico, y que ese fuera su confesor. Al llegar a casa de su hermana, el primer religioso que vio fue el padre Norberto Laciar, también dominico. Con esa emoción escribe: “pues estos son los dominicos y éste ha de ser mi confesor”. Laciar se ausentó de San Juan al poco tiempo, y quien tomó su lugar y la acompañó durante años fue justamente Paulino Albarracín, el mismo religioso que en 1877 -ya en Semana Santa, ya con autoridad eclesiástica delegada- subiría a Cerro Negro a interrogar a Ismael Montaño y a certificar ante el obispado la autenticidad de la aparición.

Hay un segundo nombre que conecta ambas historias. Fray Reginaldo Toro, quien años después sería Obispo de Córdoba, registró por escrito quinientos cuarenta testimonios de curaciones atribuidas a la intervención del santo en Cerro Negro. Fue también quien, según la propia autobiografía de Sor Leonor, se convirtió en su nuevo confesor -anunciado, según ella relata, por una voz interior que le adelantó incluso que llegaría a obispo-. La correspondencia entre ambos comenzó, según las notas de la edición crítica de su autobiografía, alrededor de 1876: el mismo año de las apariciones.

Dos confesores de Sor Leonor, Albarracín y Toro, atravesados por el mismo episodio de fe popular que hoy San Juan recuerda como patrimonio intangible. Mientras Cerro Negro convocaba multitudes y milagros documentados uno por uno, la joven riojana vivía en esa misma provincia y en esa misma década una santidad silenciosa, sin apariciones ni testigos, bajo el cuidado espiritual de los mismos religiosos dominicos que certificaban lo que ocurría en el cerro. Es la misma orden que el 8 de agosto -fiesta de Santo Domingo de Guzmán, patrono de las monjas dominicas contemplativas- celebra a su fundador y al carisma que ella eligió.

150 años después, San Juan recuerda a los peregrinos de Cerro Negro. Tiempo providencial de recordar a la sanjuanina de adopción que, guiada por los mismos padres que certificaron el milagro, vivió allí la santidad que hoy se expresa en la devoción y el reconocimiento de gracias recibidas por su intercesión.
Fotos: Lucas Poblete.
Fuente: Lic. Claudio Vera, Junta de Historia Eclesiástica Argentina. Diario de Cuyo, 29 de julio de 2026. Autobiografía de Sor Leonor de Santa María, edición crítica.