El lugar donde se vuelve cielo

UN LUGAR, SIGLOS DE ORACIÓN CONTEMPLATIVA.

El coro. Este lugar comunica la vida contemplativa en plenitud. Es ahí donde la piedra se hizo silencio hace siglos, algo se repite todavía sin cansancio: siete veces al día, las monjas habitan este espacio con la misma genuflexión que hace más de cien años hacía otra mujer, con el mismo gesto de entrega.

6:00 Laudes. 8:15 Tercia. 12:10 Sexta y Oficio de lectura. 14:00 Nona. 18:30 Vísperas. 21:45 Completas. No es un horario: es una forma de habitar el tiempo “En la liturgia celebramos lo que amamos –Dios-  y nos alimentamos de lo que vivimos. El centro y culmen de la liturgia es la Eucaristía”, este es el gran lema de las monas.

Sagrario actual centrado en el coro, de frente a la ubicación de las monjas. Altar de la actual Iglesia.

“El coro es el lugar principal nuestro, ya que es nuestra primera tarea: estar con Jesús, alabarlo, interceder.” Así lo dice hoy Sor Mercedes. Así lo vivió, hace más de un siglo, la Venerable sor Leonor de Santa María.

Sor Leonor escribió: “Desde que entraba al coro, ya no me acordaba que había compañeras allí. Para mí se volvía cielo este lugar.” Y contó algo todavía más preciso: que todos los días, a la hora de vísperas, la visitaba un arrobamiento tan fuerte que casi no podía sostenerse en pie. La misma hora que hoy, en el mismo monasterio, sigue marcando el paso de las hermanas hacia ese encuentro.

Entre una oración y la otra, alguien limpia, alguien arma floreros, prepara velas, incienso. Dos veces por semana ensayan los cantos que después se elevan en ese mismo aire donde Sor Leonor decía sentir el cielo. Nada de esto se ve desde afuera. Pero es en ese trabajo silencioso, donde la oración se apoya, se alimenta, se expande en bien y en paz para la humanidad.

Bancos originales en los que las monjas rezaban en el coro del Monasterio Santa Catalina de Siena, Córdoba, Arg.

El coro guarda memoria. Por eso podemos contar hoy esta historia: porque cada vez que una monja atraviesa esa puerta a las 6 de la mañana, se renueva la memoria en el encuentro con Jesús. Repite el mismo gesto que transformó a sor Leonor en mujer contemplativa, en el mismo lugar donde ella lo vivió.

Rejas del coro que posteriormente fueron cambiadas, así como el piso original de madera.

El coro, antes de que Isora del Tránsito –nombre de pila de sor Leonor- llegara a Córdoba, ya la estaba esperando. Cuando era niña en Sañogasta, recién aprendía a leer, había una cruz muy grande en un cuarto de paso hacia la huerta. No pasaba nunca de largo: se arrodillaba, rezaba un credo en cruz, cada vez, sin excepción.

Aquí se observa el modo en el que se celebraba la liturgia antes del Concilio Vaticano II (1962–1965).

Esa fue su primera liturgia, la que nadie le enseñó a repetir y que repitió igual. Años más tarde, ya monja, al atravesar el coro y hacer la genuflexión, escribió: “cada vez que atravieso el coro, y hago genuflexión, me acuerdo y me veo delante de esa cruz.” No dice que lo recuerda: dice que se ve como si no hubieran pasado los años.

En esta imagen se observan los bancos de madera originales del coro. que luego fueron cambiados para más comodidad.

En esta imagen se observan los bancos de madera que luego fueron cambiados para más comodidad.

El coro no fue para ella un espacio nuevo que tuvo que aprender a habitar. Fue “el lugar” donde por fin encontró una devoción que ya llevaba dentro desde antes de tener edad para nombrarla.

El coro como cielo compartido


“Pero antes de describir mi salida de San Juan, quiero decir una cosa que se me ha pasado decirla en su lugar. El día que murió el padre Correa, día del Espíritu Santo, vi en sueño y a media noche que subía al cielo un padre dominico alto, muy flaco y moreno. Salió a recibirlo la Santísima Virgen con una comitiva de vírgenes, pero conocí a dos de las que venían más inmediatas a la Santísima Virgen: una era Santa Catalina mártir y la otra Santa Cecilia. Y como formaban coro, en el otro coro venía Nuestro Padre a la par con la Virgen, y atrás de él un sin número de frailes dominicos, que lo recibieron con grandes demostraciones de alegría. Fue tan hermosa esta vista que casi morí de gozo.”

AUTOBIOGRAFÍA, CAP. 45

La reja y las ventanas del coro
“Tomé el santo hábito el 3 de julio, al otro día del día de la fundación de este Monasterio, con gran gozo de mi alma. Este mismo día en la noche, vi en sueño a Nuestra Madre Santa Catalina con muchísimas religiosas hijas suyas, que venían a la reja del coro muy alegres a felicitarme. Nuestra Madre estaba presidiendo en el lugar que está el comulgatorio y me dijo: Mira hija, al que tanta guerra te ha hecho. Miré al lugar que ella me señalaba, que era al otro lado de las ventanas del coro, y vi al Malatasca como ella le llama, que se lo llevaba el aire en forma de un negro desnudo, y un plumero en su mal formada cabeza.”

AUTOBIOGRAFÍA, CAP. 48

Se volvía cielo este lugar
“Desde que entraba al coro, ya no me acordaba que había compañeras allí. Para mí se volvía cielo este lugar; no tenía distracciones, estaba toda embebida en Dios y llena de confusión y reconocimiento; decía: ¿Quién eras y quién sois? ¿Dónde estaba y dónde estáis por la gran misericordia de Dios? Estoy en su templo y hasta hacerme a mí su propio templo. ¡Haced Señor mío y esposo mío que yo llene el fin para que me habéis traído a tu casa!”

AUTOBIOGRAFÍA, CAP. 50

La genuflexión que abre la luz
“En una ocasión, durante toda la semana santa, pedí con mucha instancia a Nuestro Señor que me diese su amor. Y el lunes de pascua, al hacer la genuflexión para salir del coro, vi delante de mí una gran luz, pero no con los ojos del cuerpo, sino intelectualmente… y entendí que esa luz era Jesús resucitado. Tuve una sorpresa muy alegre y sonriendo dije: ¡Oh! ¿De dónde a mí esta dicha? Y me detuvo la luz; no me dejó salir y me quedé allí en los más dulces coloquios… Estuve más de una hora y me pareció un instante.” Y días después, “estando también en la oración de la tarde en el coro… una voz entusiasmada, como cuando una persona entrega una muy alegre nueva, me dijo: Fray Reginaldo va a ser obispo.”

AUTOBIOGRAFÍA, CAP. 61

El pelícano en el marco del cuadro
“Se me aparece un día Nuestro Señor en forma de un gran pájaro o pelícano blanquísimo y hermosísimo, que se asentó en el marco de uno de los cuadros que hay en el coro. Yo me regalaba mucho con él, porque sabía quién era, y él se comunicaba a mí, dulcemente, y me habló a mi corazón, y me dijo qué tiempos iba a estar solo con él.”

AUTOBIOGRAFÍA, CAP. 68

Fotos: Archivo Monasterio Santa Catalina de Siena, Córdoba, Argentina.

*Rosana Triunfetti. Comunicadora causa de la Venerable sor Leonor de Santa María Ocampo.

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