La cruz que abrirá la procesión de la misa, las ofrendas llevadas al altar y el cuidado de los objetos litúrgicos: así estará presente la comunidad de monjas dominicas en la eucaristía que León XIV presidirá en Córdoba.
El próximo 10 de noviembre a las 10, la procesión de entrada de la misa del Papa León XIV estará encabezada por la cruz procesional del Monasterio Santa Catalina de Siena. Es una pieza de fines del siglo XIX y principios del XX que preside las celebraciones en la comunidad dominica: estilo neogótico, metal dorado, trabajo de calado y medallones esmaltados en los extremos de sus brazos.

En el momento de presentar los dones, la madre priora, Sor Sandra López, fue invitada a llevar las ofrendas al altar. Las hermanas reciben esta invitación con alegría y gratitud, y con la sencillez de quien sabe que el gesto es un servicio. En la liturgia, las ofrendas presentan ante Dios el fruto de la tierra y del trabajo humano. Hace pocas semanas, en Roma, el Papa dijo que las monjas dominicas son contemplativas “porque son capaces de llevar al mundo delante de Dios”.
“Me emocioné mucho cuando me avisaron, como monja dominica rezamos por toda la humanidad, pero especialmente por las intenciones del Santo Padre. Para mi es un regalazo, que recibo con gratitud y como regalo de cumpleaños. En esas ofrendas voy a llevar un pedido especial por la paz. Dios es maravilloso, siempre nos sorprende”. Palabras de sor Sandra López.

Sor Sandra la izquierda de la imagen, con el delantal celeste.
El tercer gesto fue silencioso y ya está hecho. Los objetos litúrgicos que se usarán en la celebración pasaron por las manos de las hermanas, que los limpiaron y lustraron con esmero: la cruz del monasterio y los vasos sagrados de la Catedral. Entre ellos hay piezas con historia y aquí te contamos.
Uno de los cálices que estarán en el altar fue de Mons. Juan Martín Yañiz, obispo de Santiago del Estero, y todavía lleva grabado su nombre: JMYañiz. Fue compañero de ordenación y amigo del Santo Cura Brochero, que le escribió su última carta en 1913, tres meses antes de morir. Ya ciego, Brochero le contaba que Dios le daba ahora “la ocupación de buscar mi último fin y de orar”.


Las vinajeras son las mismas que usó San Juan Pablo II el 8 de abril de 1987. Treinta y nueve años después, en el mismo predio de la Fuerza Aérea, volverán a estar sobre el altar de un Papa. Signos de amor, en una tierra de santas y santos, en una celebración por la santificación del pueblo argentino.


Foto destacada: sor María Gracia lustrando la cruz procesional.