Entrega I. “El llamado singular”

Camino vocacional de sor Leonor: obediente, pobre y casta como Jesús.

Entrega 1. “¿Con qué habéis sido tan dichosa?” El llamado singular

(Folios 1–3 de la homilía del P. Mercado, 7 de julio de 1869)

El 7 de julio de 1869, en el Monasterio de Santa Catalina de Siena de Córdoba, una joven riojana hacía su profesión solemne. Isora Ocampo que, desde ese día, llevaría para siempre el nombre de sor Leonor de Santa María.

El padre Domingo Mercado, dominico, tomó la palabra. Lo que dijo ese día ha llegado hasta nosotros gracias a Monseñor José María Arancibia, quien lo encontró y transcribió. Sus palabras iluminan el corazón de la vocación de sor Leonor y nos invitan a contemplar, con ella, el camino que Dios abre cuando llama.

Así comenzó el padre Mercado:

“Hermana mía: ¿con qué habéis sido tan dichosa que entre tanta multitud de criaturas te ha distinguido el Señor llamándote para que hicieseis compañía a su Hijo Jesucristo en la Religión de mi amado Padre Domingo? En verdad, hoy puedes llamarte feliz, pues no podíais tener mayor felicidad que ser compañera y esposa de Jesús. Pero al mismo tiempo, ¡cuán grande es la obligación que te impone tan particular predilección!”.

El asombro ante la gracia gratuita.

Recordó entonces algo que Dios le encargó al pueblo de Israel al sacarlo de Egipto: que no olvidara el día en que fue elegido, que lo celebrara cada año, que guardara viva la memoria de la misericordia recibida. Y le preguntó a sor Leonor -y nos pregunta hoy a nosotros-:

“Pues si esto mandaba Dios por la libertad temporal, ¿qué será razón que hagas tú en memoria de este día en que su poderosa y piadosa mano te sacó del mundo para ponerte en el camino de la tierra de promisión, es decir en el camino del cielo? ¡Qué gracia tan singular!”.

Luego vino la pregunta que golpea más hondo:

“¿Quién eras tú para que el Señor se acordase de ti, en preferencia a tantas virtuosas criaturas que en el mundo se quedaron? ¿Qué había en ti para que pudieras agradarle, para que pusiera en ti sus divinos ojos?”.

Nadie en particular. Y precisamente por eso, todo es gracia.

El P. Mercado señaló que Dios quiso hacer de sor Leonor “una imagen muy conforme, una imagen muy parecida a su propio Hijo”, pues la había escogido para ser su esposa. Y planteó la pregunta decisiva: ¿cómo corresponder a una dignación tan singular?

“Guardando con fidelidad hasta la muerte los votos religiosos que libre y voluntariamente acabáis de hacer, y acordándote siempre de los propósitos con que en este día comenzasteis esta empresa, trabajando incesantemente por hacer cierta tu vocación con la práctica de las virtudes contenidas en tu solemne profesión.”

Y el modelo para lograrlo, propuso el predicador, solo podía ser uno: Jesús, “el camino, la verdad y la vida”, en cuya imitación sor Leonor caminaría “cierta, segura y complacida de virtud en virtud”. La profesión religiosa es, dijo, un segundo nacimiento espiritual. Por eso conviene contemplar a Jesús en el primer paso de su propia vida.

El lema que enmarcó toda la homilía -tomado del Éxodo- resonó desde el primer folio:

Inspice et fac secundum exemplar quod tibi monstratum est. Mira y haz según el modelo que te ha sido mostrado. (Ex 25, 40)

Próxima entrega: la pobreza como libertad. “Acércate pues a Belén…” ¿Qué le dijo el pesebre al corazón de sor Leonor?

Homilía del P. Domingo Mercado O.P., pronunciada el 7 de julio de 1869, día de la profesión solemne de sor Leonor de Santa María (Isora Ocampo). AMSC, Escritos de Religiosas, caja 5. Descubierta y transcripta por Monseñor José María Arancibia.

Imagen destacada: ilustrativa de una profesión solemne en 2018.

Versión digital del Documento https://sorleonordesantamaria.com/CAMINO%20VOCACIONAL/mobile/index.html

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