Camino vocacional de sor Leonor: obediente, pobre y casta como Jesús.
Parte 4. “Habéis muerto para el mundo, pero vivís en Jesucristo”
(Folios 17–19 de la homilía del P. Mercado, 7 de julio de 1869)
Llegamos al corazón teológico de la homilía. El padre Mercado había contemplado con sor Leonor al Niño de Belén: pobre, obediente, puro. Ahora le reveló el sentido último de todo lo que acababa de prometer.
La profesión como segundo bautismo
El P. Mercado acudió a dos grandes maestros de la teología para decirle a sor Leonor lo que ese día significaba. Según San Bernardo, por la profesión religiosa ella se había convertido en “la imagen viva de Dios, como en el Santo Bautismo” (Mercado, S-1, p. 16-17). Y según el Doctor Angélico -Santo Tomás de Aquino-, había conseguido en ese acto la remisión de todos sus pecados, porque había ofrecido a Dios el mayor sacrificio que puede ofrecerle una criatura:
“En el voto de pobreza le ofreciste en sacrificio todos los bienes de la vida, cuanto tienes, y aun los deseos de los que pudieras tener. En el voto de castidad le has oblado todos los bienes de tu cuerpo, todas sus inclinaciones, hábitos y pasiones. En el voto de obediencia le has ofrecido todos los sacrificios y oblaciones: un holocausto perfecto, porque entregas toda tu libertad, toda tu voluntad, todos los bienes de tu alma.” (Mercado, S-1, p. 17)
Tres votos. Tres dimensiones del ser humano entregadas sin reserva. Un único gesto total que el predicador llamó, con la palabra más exigente del vocabulario sacrificial, holocausto.
Y a ese holocausto correspondía una promesa del Señor: recibir «un cien doblado en este mundo, y después la vida eterna» (Mercado, S-1, p. 17).
Todo está en tus manos
Entonces el P. Mercado se dirigió a sor Leonor con una de las frases más directas y más bellas de toda la homilía:
“¡Qué feliz serás, hermana mía, si a la prontitud que has tenido para seguir la voz de Dios se sigue tu fidelidad; si a la generosidad con que dejas todos los bienes temporales, añadieres un empeño insaciable y constante de atesorar bienes eternos!” (Mercado, S-1, p. 17-18)
Y fue todavía más personal:
“Todo está en tus manos, de ti depende ahora tu suerte. Libre ya de las ligaduras del mundo, y estrechada íntimamente con Jesucristo por tu profesión, eres árbitra de los tesoros de tu gracia.“ (Mercado, S-1, p. 18)
Una responsabilidad enorme. Y una libertad enorme. Las dos juntas, en el mismo día.
«Ea, pues, hermana mía: habéis muerto para el mundo, pero vivís en Jesucristo.» (Mercado, S-1, p. 18)
El epílogo: palabras solo para ella
Aquí el tono cambia. El predicador le habló muy de cerca a sor Leonor. Lo que sigue es el pasaje más personal de toda la homilía, y uno de los más valiosos para conocer la historia concreta de sor Leonor.
Le dijo que ese día había dejado el mundo sin morir, se había apartado de la sociedad sin separarse de ella, y había dicho adiós a los suyos con una despedida irrevocable, llevándolos sin embargo en el corazón a la soledad del monasterio. Y le reveló el sentido de esa paradoja:
“El Señor te ha aceptado como un holocausto por el bien de todos, y te ha constituido entre Él y la sociedad como un testimonio de su predilección para contigo, y como un argumento de especial misericordia para los demás.” (Mercado, S-1, p. 18-19)
Sor Leonor no se retiraba del mundo para sí misma. Se retiraba por todos.
Luego vinieron dos menciones que el historiador y el devoto deben leer con atención:
La primera, a sus padres -ya fallecidos en ese momento-:
“Vuestros finados padres merecen de ti una especial recompensa, justamente merecida por sus religiosos desvelos en formar tu corazón para tanta felicidad.” (Mercado, S-1, p. 19)
Una confirmación de que la familia Ocampo había sido decisiva en la formación espiritual de Isora. Su hogar no fue un obstáculo para la vocación: fue su primera escuela.
La segunda mención, al sacerdote que la había acompañado en el camino hacia el monasterio:
“Haz también un lugar en tus oraciones y penitencias para aquel virtuoso sacerdote que, como el Ángel Rafael, te dirigió con tanto acierto por el desierto de este mundo hasta dejarte sana y salva en la casa del Padre Dios.” (Mercado, S-1, p. 19)
El manuscrito tiene aquí una palabra tachada e ilegible por desgaste del papel. Pero la imagen es elocuente: hubo un director espiritual que acompañó a sor Leonor antes de su ingreso al monasterio, y el P. Mercado lo comparó nada menos que con el arcángel Rafael, guía de Tobías en su camino. Un testimonio de época sobre la dirección espiritual que la formó.
Y por último, el P. Mercado le pidió que rezara también por quien continuaría esa dirección desde ese día en adelante, “para que ilustrado por el Espíritu del Señor, pueda conducir tu alma hacia el puerto de la eterna felicidad” (Mercado, S-1, p. 19).
La homilía concluyó con una firma escueta, en letra diferente a la del cuerpo del manuscrito:
Del Rdo. P. Domingo Mercado, dominico.
Inspice et fac secundum exemplar quod tibi monstratum est. Mira y haz según el modelo que te ha sido mostrado.
Homilía del P. Domingo Mercado O.P., pronunciada el 7 de julio de 1869, día de la profesión solemne de sor Leonor de Santa María (Isora Ocampo). AMSC, Escritos de Religiosas, caja 5. Descubierta y transcripta por Monseñor José María Arancibia.
Gracias por compartir este recorrido de cuatro entregas recuperando el alma de este documento, la felicidad que salpican estas palabras llenas de vida, imaginando aquel momento trascendental para sor Leonor.
Versión digital del Documento https://sorleonordesantamaria.com/CAMINO%20VOCACIONAL/mobile/index.html
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