La Rioja, 27 de marzo de 2026
Deseo compartir mi experiencia personal por una gracia atribuída por intercesión de la Venerable sor Leonor. Trataré de resumirla cronológicamente.
En el año 2013, el padre David Cuello, de La Rioja, me regaló un libro sobre la vida de Sor Leonor (Toda de Dios, de fray Contardo Miglioranza). Mientras lo leía, no podía contener las lágrimas.
En septiembre de 2025 me reencontré con el libro de Sor Leonor y lo leí nuevamente. El 1 de noviembre, solemnidad de Todos los Santos, compré – como lo hago mensualmente – Encuentro con la Palabra, de Santa María. Mi sorpresa fue grande cuando me disponía a rezar el Rosario, encontré en su interior una hojita de la Congregación para las Causas de los Santos sobre Sor Leonor, y una estampita de ella que contenía un pedacito de tela tocada por su cuerpo (adjunto fotos).
En ese momento comencé a rezar la oración que estaba en el reverso de la estampita. Al llegar a la frase: “Y la gracia que con fe te pedimos…”, le pedí a Sor Leonor su intercesión para que me ayudara a recuperar a mi hijo mayor, que se había ido de casa muy enojado hacía aproximadamente 15 años, cuando tenía solo 20 años de edad.
Durante años no supimos dónde ni cómo vivía. Pasado un tiempo retomó contacto con mi marido y con sus hermanos, pero no conmigo. Actualmente vive en Valencia, España. Durante todos esos años se mantuvo alejado solo de mí: no quería verme ni hablarme. Nada.
Mi dolor crecía cada año: faltaba en la mesa, en su cumpleaños, en Navidad, en Pascua. Ya no podía contener la angustia que esto me provocaba. Y ese día le pedí, llorando, a Sor Leonor su ayuda.
Durante la noche de ese mismo 1 de noviembre soñé que mi hijo regresaba a casa y me abrazaba, sin mediar palabras.
¡Y la gracia ocurrió!
El 9 de enero de 2026 le envió un mensaje a mi marido para avisarle que al día siguiente vendría a casa, a La Rioja. Y nuestro reencuentro fue tal como lo había soñado: cuando nos vimos, nos abrazamos, y así compartimos diez hermosos días hasta su regreso a España.
Mi agradecimiento a Sor Leonor es eterno.
Converso con ella diariamente. Vive en mi corazón.
Es una santa.
María Gabriela Márquez